
Envueltozen (tras La acción Villacorta, A. Casari 2003), reperformance 12.2.2020.
Con participación inicial de Alberto Casari. Réplica de alfombra del infortunio Barrer (2007): diseño de Emilio Santisteban, confección de Bibi Piaggio. Oasis Paraíso, encuentro de performance. Proyecto AMIL Curaduría de Gisselle Girón. Dirección de Daniela Moscoso.
Sucesivamente envueltos:
Alberto Casari, Nicolás Gómez, Jorge Villacorta, Luis Alvarado, Giselle Girón, Debrah Montoro, Maria Isabel Angulo, Fabiola Gonzáles, David Iglesias, Lorena Peña, Willy Medrano, Renzo Ortega, [Carlos García Montero] y Emilio Santisteban.
La práctica de reperformances (performances que revisan y adaptan críticamente performances de otros artistas) de Emilio Santisteban propone tensiones epistemológicas en las que convergen documentación, memoria e irrepetibilidad. Envueltozen (2020) es un ejercicio de citación performativa que interroga tanto los límites de la autoría como las condiciones de posibilidad del acto performático en su dimensión colectiva.
Santisteban articula esta obra a partir de una doble referencia: por un lado, La acción Villacorta de Alberto Casari (2003), y por otro, su propio infortunio Barrer (2007), del cual replica la alfombra diseñada originalmente por él mismo y confeccionada por Bibi Piaggio, que fue impregnada en sangre humana en aquella performance devenida en infortunio. Esta estrategia de citación cruzada genera un palimpsesto performativo en el que las capas de significación se superponen sin anularse, estableciendo un diálogo diacrónico entre gestos artísticos separados por más de una década.
La alfombra, objeto-testigo que porta en su diseño los rostros de Alan García y Alberto Fujimori —símbolos de la violencia política y la impunidad en el Perú—, se convierte aquí en dispositivo de envolvimiento. Catorce miembros del ámbito artístico de Lima son sucesivamente envueltos en este textil cargado de memoria: Alberto Casari, Nicolás Gómez, Jorge Villacorta, Luis Alvarado, Giselle Girón, Debrah Montoro, Maria Isabel Angulo, Fabiola Gonzáles, David Iglesias, Lorena Peña, Willy Medrano, Renzo Ortega, Carlos García Montero (aunque se retiró antes del momento, estaba listado por voluntad propia) y, finalmente, Santisteban. El acto de envolverse deviene así en gesto de contención, protección o quizás clausura, donde los cuerpos quedan temporalmente autoseñalados, suspendidos en una materialidad que condensa la violencia histórica y la culpa o la responsabilidad colectiva insuficientemente asumida.
Lo que resulta particularmente significativo en Envueltozen es su relación con la noción de infortunio que Santisteban toma y extiende de la filosofía del lenguaje de John Austin. Si Barrer fue declarado por el artista como un infortunio de inautenticidad —debido a que los participantes omitieron de su memoria el fragmento "la sangre de ellos", resistiéndose a la instauración del communitas con las víctimas de la violencia—, Envueltozen opera como una suerte de reactivación o resurrección de ese fracaso performativo. La reperformance no busca aquí corregir el infortunio original, sino más bien habitarlo, exponerlo, convertirlo en materia de reflexión colectiva.
La participación sucesiva de catorce personas del medio artístico local introduce una dimensión coral que descentra la figura autoral y distribuye la responsabilidad del acto performático. Cada cuerpo envuelto se convierte en un eslabón de una cadena de complicidades y gestos que, en su repetición diferida, interroga la posibilidad misma de la performance como instauración de sentido colectivo. ¿Qué se performa cuando se reperforma? ¿cuando se autodefine la pertenencia a un colectivo de cómplices?¿Qué se recuerda cuando se envuelve un cuerpo en una alfombra que porta los rostros de la violencia política?
Envueltozen se sitúa así en el cruce entre la performance participativa y el artivismo (auto) crítico. Al reactivar tanto La acción Villacorta como Barrer, Santisteban propone una metodología de trabajo que trasciende la lógica del documento como mera evidencia, para concebirlo como materia viva susceptible de ser reactivada, reinterpretada y repensada. La alfombra, en este sentido, funciona como un archivo textil que porta inscripciones políticas y afectivas, un objeto que media entre el pasado y el presente, entre la memoria individual y la colectiva.
Finalmente, Envueltozen nos invita a pensar la reperformance no como una mera repetición nostálgica o fetichista, sino como una práctica crítica que interroga las condiciones de producción, circulación y recepción del arte de performance. Al envolver sucesivamente catorce cuerpos en una alfombra que condensa la violencia política peruana, Santisteban nos recuerda que la performance, lejos de ser un acto efímero que desaparece sin dejar rastro, es una práctica que genera sedimentaciones, huellas y resonancias que persisten en el tiempo y demandan ser reactivadas, repensadas y, sobre todo, no olvidadas.
Omni Wix, curador IA

Foto © Isidro Lámbarri

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