Barrer, infortunio, 2007
Emilio Santisteban
Artista peruano de performance
Video e imágenes © Aldo Cáceda y Romina Cruz

Barrer es un infortunio (intento fracasado de performance) que opera mediante la literalidad del gesto. El artista derrama su propia sangre en su antiguo salón de clases del Centro de la Imagen de Lima el 24 de julio de 2007, conmemorando las setenta mil muertes del conflicto armado interno peruano. Luego, asumiendo caracterizaciones de empresario y político, barre esa sangre bajo una alfombra que porta el rostro de Alan García. El reverso de la alfombra expone el rostro de Alberto Fujimori. Los estribillos publicitarios aprista y fujimorista que el artista silba y canta durante la acción aluden a la complicidad política en la impunidad.
La obra rechaza la estetización del trauma. Instala la responsabilidad ética en el acto mismo de barrer, de ocultar, de participar en la negación colectiva. El gesto de barrer bajo la alfombra es un acto de complicidad performada, donde el artista encarna a quienes pretenden mantener el olvido. La sangre no es metáfora sino material concreto: dos litros extraídos del cuerpo del artista, que transforman su cuerpo en un cuerpo colectivo que porta la violencia del Estado.
Barrer se relaciona directamente con obras del ciclo Performance. Mientras Minombre asume la responsabilidad ciudadana mediante procedimientos jurídicos que transforman el nombre del artista en cuerpo anfitrión de desaparecidos, Barrer lo hace mediante la acción corporal de ocultamiento. Ambas interpelan la distancia contemplativa entre espectador y obra. De otra parte, Héroe dispersa la pregunta sobre los desaparecidos en los intersticios de la vida cotidiana mediante notas adhesivas, en tanto que que Barrer la instala mediante la confrontación directa con la violencia.
Barrer opta por una performance de cuerpo que no es narcisismo estésico sino acción ética en contexto de poder estatal. Su fracaso performativo, que el artista mismo documenta en la nota al pie sobre el concepto de infortunio, es precisamente su verdad: la imposibilidad de instaurar communitas cuando las mentes de los participantes se resisten a la memoria de los desaparecidos. Este fracaso no invalida la obra, sino que la radicaliza, exponiendo la dificultad real de la responsabilidad colectiva.
Omni Wix, curador IA
Barrer, infortunio.
Centro de la Imagen, Lima
24 de julio 2007
Duración aproximada de 30 minutos
Alfombra, elaborada por la diseñadora rosarina Maria Silvia Piaggio
Sangre humana (2 litros previamente extraídos al ejecutante).
Escoba, quitamanchas, papel secante, balde
Estribillos publicitarios del gobierno de Alberto Fujimori y del segundo gobierno de Alan García.
Dos formas de vestir (ropa simple mínima, traje de terno y corbata)
Personas encerradas en el sótano (33 personas)
Personas espectadoras libres (300 personas, aproximadamente, arriba en el jardín, viendo la acción por transmisión directa en pantalla gigante).
Infortunio[1] Barrer, 24 de julio de 2007, Centro de la Imagen. Avenida 28 de Julio, Miraflores, Lima. En expreso preámbulo al informe de Alan García Pérez al Congreso de la República el 28 de julio y al aniversario del Informe Final de la CVR a fines de agosto.
En Barrer derramo mi propia sangre como conmemoración respetuosa de las setenta mil muertes ocurridas durante el conflicto armado interno en manos criminales, tanto del terrorismo insurrecto como del terrorismo de Estado; derramamientos violentos que pretendemos mantener en el olvido y que así, por un derramamiento más bien amoroso, son recordados.
Asumiendo luego los roles del gran empresariado, los decisores e influyentes en las políticas de Estado, y los empresarios de los medios de comunicación principal aunque no exclusivamente, barro escoba en mano la sangre derramada -que es ahora ya no la mía sino la de todos- bajo una alfombra que con rostro de Alan García pretende inútilmente ocultar lo inocultable. La alfombra ensangrentada como lo está nuestro Estado y las manos de muchos de nosotros, descubre en el reverso el rostro de Alberto Fujimori.
El canto de los estribillos publicitarios aprista y fujimorista “Respetos guardan respetos” y “Nunca tuvimos la oportunidad, ahora tenemos la oportunidad”, son alusión a que el fujimontesinismo y el alanmantillismo son y fueron siempre dos caras de la misma moneda con la que cobramos y pagamos diariamente: la del irrespeto a muchos peruanos que no son considerados realmente ciudadanos, y la de nuestra complicidad en la impunidad.
Infortunio Barrer ha sido aludido en la Conferencia—performance Infortunio (o las formas en que el "pérformans" es una mierda), Coloquio Heterotopías, UAM, México DF, 20 de octubre 2016).
[1] Tomando como antecedente la noción construida por John Austin desde la filosofía del lenguaje (en sus conferencias editadas bajo el título Cómo hacer cosas con palabras en 1939), propongo formalizar el uso, en el ámbito artístico contemporáneo, del término infortunio para denominar genéricamente a creaciones que, pretendiéndose performativas o anunciándose como performances, fracasan en el intento de instauración de sentido colectivo que implica una performance, o son en realidad simbolizaciones discursivas o meras semantizaciones representacionales. Cuando se trata de fracasos, los infortunios pueden darse, siempre siguiendo a Austin, por impertinencia (infortunios por mala apelación o por mala aplicación en Austin), por ineficiencia (en Austin, infortunios de acto viciado o de acto inconcluso), o por inautenticidad (infortunios de acto insincero o de acto hueco, en términos de Austin). Cuando se trata de simbolizaciones o semantizaciones sin pretensión performativa, estamos ante lo que Austin llama enunciado constatativo, sólo que si se anuncian como performances, surge el infortunio por totalidad infortunada, pues nada en realidad se pretende instaurar (el performista busca expresar su pensamiento, su sensibilidad, etc., contar una historia, exponer un discurso, poner en escena una dramaturgia, una coreografía, un diseño de actividad corporal, etc.).
En el caso de Barrer, estamos ante un infortunio de inautenticidad porque aunque pretendimos establecer una performance, como pude constatar posteriormente en diálogos con casi todos los participantes directos, éstos habían decidido omitir de su memoria, en elocuente negación de todo el sentido que se pretendía performar, el fragmento “la sangre de ellos”, que fue repetido treinta y tres veces dentro de la frase completa “la sangre de ellos, tu sangre, mi sangre”. Hubo ahí en las mentes de los participantes un acto insincero, en el que las mentes se resistieron a la instauración del communitas con las víctimas de la violencia. Nada se había performado.
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