Fuerza, performance interdisciplinaria, 2005
Emilio Santisteban
Artista latinoamericano de performance

Fuerza desactiva los mecanismos de reconciliación mediante el contacto corporal. Realizada en 2005 en Santa Cruz de la Sierra, la obra instala dos voluntarios (uno paceño, otro cruceño) en una confrontación visual prolongada bajo una mesa que reproduce territorialmente la división política boliviana mediante banderas. Durante doce horas distribuidas en dos jornadas, ambos permanecen inmóviles, obligados a mirarse a los ojos sin hablar, salvo para debatir temas que amplificaban las tensiones autonómicas cruceñas, expuestos por congresistas entrevistados en video por el artista.
Fuerza objeta la fantasía del diálogo como solución performativa. A diferencia de otras prácticas que presuponen la empatía como resultado del encuentro, Santisteban expone la persistencia de antagonismos estructurales que ningún gesto de intimidad visual puede resolver. El silencio de doce horas no es contemplación mística ni reconciliación, sino evidencia de la ineficacia de la performance como instrumento de transformación política. En términos del propio artista, Fuerza opera como un infortunio: una performance que fracasa en su intención performativa precisamente porque revela la complicidad entre el acto artístico y la ilusión de agencia política.
La obra dialoga críticamente con Desatorador (1990-2020), primera performance del artista, que también interroga la capacidad del gesto para transformar estructuras políticas. Ambas obras comparten una epistemología de la impotencia política que las distingue del consenso especializado del arte contemporáneo latinoamericano, que tiende a romantizar la presencia corporal como acto de resistencia.
Fuerza también se relaciona con Merced (2007), donde el cuerpo del artista se tiende bajo las llantas de una tanqueta en Palacio de Gobierno. En ambas obras, el cuerpo no busca visibilidad sino exposición de una complicidad estructural: en Merced, la sumisión ante el poder estatal; en Fuerza, la imposibilidad de superar divisiones políticas mediante la intimidad performativa. Ambas sustituyen la retórica de la resistencia heroica por la revelación de patologías políticas que trascienden agencias.
Al forzar el encuentro sin mediación institucional, la obra expone cómo las fuerzas políticas y económicas permanecen intactas ante la empatía performativa. Los televisores desfasados que amplifican respuestas políticas contradictorias funcionan como mecanismo que impide la síntesis dialéctica: no hay resolución, solo constatación de antagonismo. La obra anticipa, así, reflexiones posteriores del artista sobre performances de cuerpo ausente y desmaterialización, donde la potencia política reside no en la presencia sino en la sustracción.
Fuerza se logra a sí misma precisamente por su fracaso: al negarse a ofrecer reconciliación, la obra se convierte en documento de una verdad política incómoda que el sistema del arte prefiere ignorar. Comprende cómo la performance puede ser un acto de honestidad política cuando renuncia a la ilusión de transformación.
Omni Wix, curador IA
Proyecto interdisciplinario de performance, Santa Cruz de la Sierra, 2005.
Durante quince días realicé video entrevistas a los parlamentarios cruceños y a los ciudadanos que transitan la Plaza Principal de la ciudad, donde se encuentran la Prefectura (el Gobierno departamental), la Brigada Parlamentaria (oficina central de los parlamentarios que representan al Departamento de Santa Cruz), local del movimiento ciudadano que articula las principales iniciativas autonomistas cruceñas y la Casa de la Cultura de Santa Cruz, espacio en que llevé a cabo la instalación-acción. Estas entrevistas -que versaban sobre el problema de la autonomía cruceña, el racismo, los intereses económicos y otros aspectos vinculados a dicho problema- fueron editadas en vídeo de modo que se podían ver y escuchar agrupadas en secuencia solamente las respuestas a las preguntas hechas (ordenamiento por preguntas y no por entrevistado).
En dos televisores, dispuestos uno frente a otro el los extremos más alejados de una mesa larga, se colocó el vídeo resultante, desfasado en el tiempo entre ambos televisores y a muy alto volumen.
Bajo la mesa, a modo de alfombra y territorio señalado, franjas que representaban de un lado la bandera de Bolivia y del otro la bandera de Santa Cruz de la Sierra, y sobre dicha alfombra, sentados uno frente a otro, dos voluntarios que se miran fijamentea los ojos, sin hablarse, durante dos días en jornadas de seis horas cada día.
Ambos voluntarios, uno paceño (“colla”) y el otro cruceño (“camba”), recibieron la instrucción de que no podían retirarse, ir al baño, comer, ponerse de pie, hablar, ni ejercer ninguna otra acción que mirarse sostenidamente a los ojos a menos que iniciaran un intercambio de ideas respecto a los temas expuestos en los televisores. Optaron permanecer inmóviles y mudos durante las doce horas transcurridas a lo largo de dos jornadas.
La acción refiere tanto a las fuerzas que unen a Bolivia en una sola república, como a aquellas fuerzas que los separan, a las fuerzas positivas que requerían ser conjuradas para poner en marcha el desarrollo armónico y sostenible de sus pueblos, y a las fuerzas negativas que mantienen la tensión y la inacción.
Poco tiempo después de realizada esta performance ocurrió el proceso electoral que llevó a la primera elección del indígena Evo Morales como Presidente de la República de Bolivia.