Solanum Traditio, proyecto.
Con la colaboración de Lizet Díaz Machuca, Marco Chevarría, Ronald Romero, Tania Castro, Luis Justino Lizárraga, Daniel Huamán Masi. Cusco—Lima—Viena, 2015 — 2016

Santisteban. Arte de performance en América Latina y Sudamérica. Arte de acción y performance en Latinoamérica, Sudamérica, Perú, Lima. Arte contemporáneo latinoamericano y peruano. Arte latinoamericano y peruano en espacio público.

En el video: Cayetano Canahuire, Tania Castro, Maite Zeisser, Cusco, Perú

UYWAY: EL PRINCIPIO DE LA MÚTUA CRIANZA

 

Definición:

 

Uyway es una voz quechua que pobremente se traduce como «Mi cría» (Uywa = Cría + el sufijo y adjetivo posesivo mi) o como la forma infinitiva del verbo «Criar».[1] No obstante, más que un sustantivo, adjetivo posesivo o un verbo, se trata de un principio andino fundamental de convivencia con la vida en su totalidad. La vida nos cría a través de sus diversas manifestaciones y nosotros la críamos del mismo modo. En tal sentido, enfatizamos, según este principio, los seres humanos somos criados por todo y al mismo tiempo lo criamos todo: Criamos a los seres humanos, vivos y muertos; a las plantas, los animales, los cielos, a las entidades divinas, a las fuerzas de la naturaleza; a lo que perciben nuestros ojos, como a lo que no. Para la gente agricultora de estas montañas, el hecho de no ver, tocar o poder comprobar o explicar la existencia de todo lo que nos rodea, no impide que exista. Máximo Huaracca, líder agricultor y músico de la comunidad de Kamawara, distrito  de San Salvador, Departamento del Cusco, dice:

 

No todo lo conocemos, pero existe, no todo lo tocamos pero está, no todo habla, pero habla…, Canta. Todo es música al fin… ¡Chrrrr!... Como cuando las alas de las moscas suenan… Todo lo criamos. Todo nos cría… No puedes criar sino amas lo que crías… Sino, le entra gusano a tu maíz, la papa se te pudre, o crece bonito pero no te alimenta, no te sirve, te enfermas más rápido…[2]

 

De este principio se derivan otros, como aquel que refiere José Luis Castro García, intelectual cusqueño, hijo de madre quechua hablante proveniente de la provincia de Paucartambo, departamento del Cusco:

 

No se desperdicia nada de lo que crías y te cría. No se acapara nada que entre en relación contigo porque tú no lo creaste, sólo te corresponde criar y dejarte criar; disfrutar del hecho, respetar el acto de criarse mutuamente, evitar que se enferme nuestra relación con todos y cada uno de los seres que entren en contacto con nosotros. Si botas o acaparas, te desequilibras tú y se desequilibra todo a tu alrededor.[3]  

 

El principio del Uyway ha generado durante sus cientos, y quién sabe miles de años de existencia, rituales como el T’inkasqa, a la tierra se la enamora antes de sembrarla. Se le pide permiso; a ella y al espíritu de las montañas, a la vida en sus formas más sutiles; se le pide sustento abundante para beneficio de todas las criaturas. El principio del Uyway ha generado técnicas que son actualmente empleadas durante el cultivo, cosecha y procesamiento de la papa hacia otras formas tales como la moraya y el chuño, procesos en los cuales se deshidrata la papa para su mayor duración y mejor almacenamiento a largo plazo. "Nada se bota, sino se nos viene la miseria… Hay que guardar para tiempos en los que falte”, nos explica Máximo Huaraca. El principio del Uyway ha generado la observación profunda y minuciosa del cielo andino vinculado al proceso de la papa. La estrella Sirio, para nosotros Willka Wara (Galardón sagrado)[4] aparece sobre el cielo andino al inicio del tiempo de siembra y desaparece de él cuando ha concluido la cosecha de la papa, la selección, intercambio, almacenamiento de las mejores semillas de papas de diferentes especies, según los pisos ecológicos en los cuales se ha sembrado y la deshidratación de parte de la cosecha.

 

Uyway: Agradecer lo recibido para criar, agradecer a quien nos cría:

 

En el calendario actual, agosto es destinando a decirle «Gracias a la tierra», la Pachamama, nuestra Madre Tierra. Durante este mes, se preparan ofrendas en las que incluimos hojas de coca, agrupadas en conjuntos de tres o de cinco que llamamos «k’intu». Sobre cada grupo de hojas dejamos nuestro aliento, nuestro «Samay», nuestra energía vital. Agradecemos lo recibido y le sugerimos lo que nos gustaría recibir. Acompañamos estas hojas con claveles rojos y blancos, los primero para la tierra, los segundos para las montañas; agregamos semillas selectas de coca, quinua; hierbas aromáticas; también le damos de comer comida procesada que hemos creado los hijos de la tierra a partir de los ingredientes que ella nos ha ofrecido tan generosamente. Es requisito que lo que le ofrecemos nos tenga que gustar a nosotros, desde chocolates, dulces, galletas, etc. Ponemos también algodones que representen las nueves y las lluvias que le pedimos, hilos como el arcoíris, hilos dorados y plateados, maíz que represente la abundancia de dinero, caramelos en forma de casa, parejitas, autos, para ser específicos con nuestros deseos. Tenemos que dárselo masticadito. La ofrenda se quema, sólo frente a los ojos de un kanaquq o encargado de incinerar la ofrenda.

 

El tiempo de los chakarunas: Los Hombres Puente:

 

Es evidente que la fuerza, profundidad y utilidad del principio han hecho que resista muchos procesos históricos adversos que bien podrían haberlo extinguido.  Actualmente el sistema estatal oficial de educación en el Perú no considera la inclusión de cosmovisiones y técnicas originarias como parte de sus currículas oficiales: Se entienden como «métodos y técnicas científicas» a aquellos provenientes de la concepción antropocentrista Tierra=Recurso, propia de la visión mercantilista. En donde es considerado profesional el que genera mayor productividad del recurso para beneficio económico propio. Esta situación, sumada a otras causas más o menos hondas, están siendo cómplices de la erosión de conceptos y usos que, al margen de su valor sociocultural para el Perú, en nuestra visión, constituyen una opción alternativa para trascender los actuales problemas éticos y operativos alimentarios del mundo. Hace un tiempo ya anunciaron los abuelos: Este es el tiempo de los hombres puente, los Chakarunas que expandirían lo propio útil a los hijos del planeta y traerían del mundo lo que cosechen de él, con el mismo fin. Es tiempo de criarse conscientemente, de hacer vigentes las prácticas agrícolas (y de todo orden) más sostenibles, las que generan diversidad, las que aseguran la relación equilibrada del hombre y la naturaleza, no importa dónde hayan sido gestadas. Esta es nuestra fe.

 

 

Tania Castro Gonzales

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Yo aprendí esta conjugación de mi padre, de mi abuela, la corroboré con cada maestro ofrendante con quien entré en contacto en esta vida, por ejemplo: Cayetano Canahuire (ofrendante vitalicio de la ceremonia de construcción del puente de Qeswachaka, recientemente nombrado Patrimonio Mundial por la UNESCO); Hipólito Peralta Ccama (ofrendante y coordinador regional del Programa de Educación Bilingüe Intercultural).

 

[2] Entrevista realizada el 7 de junio del 2015, durante una ofrenda de entierro de la placenta de un sobrino al tercer día de haber nacido.

 

[3] La entrevista a mi padre, José Luis Castro, la hice la madrugada del 21 de junio del 2015 durante una ceremonia por el solsticio.

 

[4] El dato sobre la estrella Willka Wara lo obtuve del libro Astronomía Inka del astrónomo cusqueño, ERWIN SALAZAR, Director Científico del Planetario Cusco.

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Emilio Santisteban, artista interdisciplinar de performance. Peru. emilio@emiliosantisteban.org