Solanum Traditio, proyecto.
Con la colaboración de Lizet Díaz Machuca, Marco Chevarría, Ronald Romero, Tania Castro, Luis Justino Lizárraga, Daniel Huamán Masi. Cusco—Lima—Viena, 2015 — 2016

Santisteban. Arte de performance en América Latina y Sudamérica. Arte de acción y performance en Latinoamérica, Sudamérica, Perú, Lima. Arte contemporáneo latinoamericano y peruano. Arte latinoamericano y peruano en espacio público.

JUSTICIA Y EQUIDAD PARA LOS CAMPESINOS ANDINOS CONSERVADORES Y CREADORES DE LOS RECURSOS GENETICOS DE LA PAPA

 

Desde el origen de la agricultura, hace más de 10,000 años, las sociedades agrarias del mundo crearon y desarrollaron los recursos genéticos de los principales cultivos para la producción agrícola y la seguridad alimentaria mundial en los denominados “centros de origen”[1], entre los que sobresalen: el medio oriente en el caso de la cebada y el trigo; en el sur de Asia el arroz, en África el mijo y el sorgo; en América central el maíz, así como, en América del Sur, la papa, la quinua, etc., (Bazile, 2012)[2].

La cordillera de los Andes, alberga una gran diversidad de plantas alimenticias; esta riqueza se ha incrementado por el gran trabajo de domesticación realizado por los campesinos andinos. Entre los principales tubérculos que se domesticaron sobresale evidentemente la Papa, (Solanum tuberosum sp).[3] A partir de una numerosa población silvestre, los agricultores del altiplano andino lograron seleccionar y  mejorar los primeros especímenes que dieron lugar, después de milenios a la gran diversidad de variedades de papa que se conocen. Hoy en día aproximadamente más de 4000 variedades han sido identificadas en los Andes.

Según el Centro Internacional de la Papa – CIP, el cultivo de papa en las regiones andinas del Perú se remonta a por lo menos el séptimo milenio antes de Cristo; así como que en virtud de las recientes investigaciones realizadas por David Spooner (2005) se proporcionó mayor evidencia sobre la región norte del lago Titicaca como el lugar más específico de origen de la papa, (CIP, 2015).[4]

La Papa (Solanum tuberosum sp) es una especie divida en dos sub especies: “Andigena” adaptada a un fotoperiodo de 12 horas de luz solar y “tuberosum” que proviene de la introducción de “andigena” en el continente europeo; la misma que fue progresivamente adaptada a los ciclos diarios del hemisferio norte con una duración más larga de los días, (Ibid). Las nuevas variedades de papa se cultivan sobre todo en Europa y Asia, las mismas que representan más del 80% de la producción mundial (Alary et al, 2009).[5] Ya en el 2009, los europeos eran considerados los primeros consumidores mundiales de papa, con 85 kilogramos por habitante al año, (FAOSTAT).[6]

Los países de la Unión Europea disponen de más de 1600 variedades de papa inscritas en el catálogo europeo y 16,481 certificados de obtención vegetal – COV depositados en la Unión Internacional para la protección de Obtenciones Vegetales – UPOV cuya sede se encuentra en Ginebra, (Chevarría, Bazile, 2014).[7] Esto sin contar, las patentes, COV u otros derechos de propiedad industrial depositados sobre los recursos genéticos de la papa en los países de Norteamérica, Asia, etc.

Desde el siglo XVI, fuera de su centro de domesticación en los Andes, la papa es parte de las estrategias de seguridad alimentaria de números países, gracias a la difusión planetaria del material vegetal domesticado y seleccionado por los campesinos andinos durante milenios. Lamentablemente pese a ello, a la fecha los pueblos andinos no han recibido ningún beneficio o reconocimiento significativo por haber favorecido con sus variedades de papa a todo el mundo.

Desde 1992 en adelante los tratados internacionales, (Convenio de Diversidad Biológica y el Tratado Internacional de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación – TIRFAA-FAO.), reconocen la soberanía de los Estados sobre sus recursos genéticos y el aporte de las comunidades locales a su conservación, reconocen los “Derechos de los Agricultores”[8] por la gran contribución que han hecho y que siguen haciendo las comunidades locales, indígenas y los agricultores de todas las regiones del mundo, en particular los de los centros de origen y diversidad de plantas cultivadas, a la conservación y el desarrollo de los recursos fitogenéticos que constituyen la base de la producción alimentaria y agrícola en el mundo. Así como, establecen principios obligatorios para promover una distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de la utilización de estos recursos genéticos puestos a disposición de todos los países del mundo.

En el presente siglo XXI con el actual desarrollo de la biotecnología se están depositando múltiples patentes y certificados de obtención vegetal (COV) sobre el mejoramiento genético de la diversidad de plantas alimenticias; entre ellos por ejemplo, sobre los genes de la papa y sus parientes silvestres. En estos procesos no se exige un certificado de origen de los recursos genéticos de papa utilizados, pese a que es un reclamo desde hace más de 20 años de los campesinos de los países andinos y de todos los campesinos del mundo para todos los recursos genéticos agrícolas.

El certificado de origen de un recurso genético, a la fecha, es la manera legal de exigir que se distribuyan de manera justa y equitativa los beneficios económicos derivados de la utilización de éstos recursos. De esta manera se estarían reconociendo e implementando los “Derechos de los Agricultores” del mundo entero; se estaría promoviendo la conservación de la diversidad de plantas alimenticias que han permitido y permiten alimentar al mundo; así como, se estaría posibilitando que los campesinos andinos accedan a mejores posibilidades de hacer frente a la pobreza y precariedad en la que paradójicamente viven, pese a su generosidad con el mundo!

Cusco, 29 de julio del 2015

Marco A. Chevarría Lazo

Consultor UNOPS - PNUMA

 

 

 

[1] Vavilov, 1926. Los centros de origen de las especies de cultivo son aquellas regiones en donde se inició su proceso de domesticación, selección y mejoramiento y donde aún se encuentran parientes silvestres de dichas especies.

 

[2] Bazile D. (2012). “L´agriculture peut-elle sauver la biodiversité?” Alternatives internationales (55) : 5053

 

[3] Entre otras plantas alimenticias domesticadas en la región andina sobresalen igualmente tuberculos como los Ollucos, (Ullucus tuberosus), las Ocas, (Oxalis tuberosa), la Mashua, (Tropaeolum tuberosum), etc. Leguminosas como el Tarwi, (Lupinus mutabilis), los Pallares (phaseolus lunatus), etc. Granos andinos como la Quinua (Chenopodium quinua); Kiwicha (Amaranthus caudatus); Qañihua (Chenopodium pallidicaule); etc. Raíces alimenticias como el Yacon (Smallanthus sonchifolius), la Arracacha (Arracacia xanthorrhiza), la Yuca (Manihot esculenta), etc., así como, una gran diversidad de frutas como el Tomate (Solanum lycopersicum), Aguaymanto (physalis peruvianum), el Sauco (Sambucus peruvianum), etc.

 

[4] www.cipotato.org , 29 07 2015

 

[5] Alary P., DE Bélizal E. et Al. 2009. “Nourrir les hommes: Un dictionnaire” Neuilly. Atlande – Geographie Thématique. 765p.

 

[6] http://faostat3.fao.org/

 

[7] Chevarría, M., Bazile, D., et Al. (2014) “Los sistemas legales que regulan el intercambio de los recursos genéticos: Importancia para el acceso, la circulación y la innovación en el caso de la quinua” in “El estado del arte de la Quinua en el Mundo”. BAZILE. D., et Al. Edición: FAO Organización  de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Montpellier. Francia.

 

[8] El Artículo Nro. 9 del TIRFAA - FAO

  • Icono social Instagram
  • Icono social Pinterest
  • Facebook Social Icon
  • Icono social LinkedIn
  • Twitter Social Icon

Emilio Santisteban, artista interdisciplinar de performance. Peru. emilio@emiliosantisteban.org